Es bien sabido que uno de los pasos fundamentales del método científico es la experimentación. Sin ella, la verificación de las hipótesis del investigador alcanzaría tales niveles de dificultad que en muchos casos, especialmente en el ámbito biológico, sería imposible declarar como certera una determinada idea.
Ahora bien, desde los inicios del conocimiento científico, uno de los métodos más recurrentes ha sido la experimentación en animales. La causa es lógica; es preferible a la experimentación con humanos. Se estima que anualmente se utilizan entre 50 y 100 millones de vertebrados, de los cuales la mayor parte son sacrificados después del experimento. Entre los invertebrados, las cifras son aún peores; se cree que sólo en los Estados Unidos mueren al año 80 millones de ellos.
En la actualidad, numerosas organizaciones luchan por la detención de esta práctica, abogando por los derechos animales y promoviendo además el debate entre la sociedad: ¿es realmente necesaria la experimentación con animales?
Orígenes
Uno de los indicios más antiguos sobre la percepción humana acerca de los animales la encontramos en las Escrituras. Dice el Génesis que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y le dio dominio sobre el resto de las criaturas (Gn. 1.26,28). Supuestamente en base a textos como éste, Rene Descartes planteaba en el Siglo XVII que los animales no sufrían, ya que carecían de alma, y los gritos que emitían al ser viviseccionados eran como «ruidos emitidos por máquinas estropeadas». A partir de estos principios, no había que preocuparse por los animales. Dios los había creado para servir a los seres humanos.
Las primeras críticas hacia la filosofía de Descartes no surgieron sino hasta la aparición de la teoría evolucionista de Charles Darwin, que plantea que el hombre se formó a partir de la evolución de otras especies. Recién entonces se comenzaron a generar serias interrogantes éticas sobre la utilización de organismos con fines científicos, bajo la lógica de que aquellos también provenían de un antepasado común y que, por lo tanto, merecían la misma consideración que un humano cualquiera.
Por qué sí
A pesar de las limitantes ético-morales, es indudable que la experimentación con animales ha rendido notables resultados. Es difícil encontrar una investigación en el ámbito biológico donde no se encuentren involucrados organismos animales. En 1997 el suplemento Salud y Medicina del periódico español El Mundo, realizó en el marco de un debate similar, un repaso a los Nobel de Medicina desde 1901, concluyendo que —en una inmensa mayoría— estos habían alcanzado el éxito en sus investigaciones gracias a la experimentación con animales de diversa clase.
Básicamente, todo el conocimiento biológico se debe a estos héroes silenciosos. Sin ellos, descubrimientos tan importantes como la acción de la insulina y el mecanismo de la diabetes (Banting y Macleod con perros, peces y conejos en 1921) o el efecto curativo de la penicilina en infecciones bacterianas (Fleming, Chain y Florey con ratones en 1929) no habrían sido posibles.
Esto provoca, naturalmente, la sensación de que la experimentación animal es un costo que se debe asumir por el bien de la ciencia. Algunos adherentes a esta postura han constituido la Sociedad para la defensa de la Investigación (SDI), planteando que el uso de animales es insustituible en buena parte de los trabajos —al menos por ahora— y que gracias a su utilización se han dado pasos muy importantes en la lucha contra las enfermedades de los seres humanos. Sin embargo, y a pesar de estas evidencias, en el último tiempo las ideas de los numerosos grupos activistas a favor de lo que denominan la «liberación animal» han tendido a proliferar.
Por qué no
En 1984 salieron a la luz unas cintas de vídeo grabadas en el Centro Médico de la Universidad de Pensilvania en las que el personal del laboratorio aparecía mofándose de unos mandriles a los que se les había aplastado la cabeza durante unos experimentos para estudiar el trauma.
Escenas tan patéticas como ésta —que para encontrarlas no hay que dirigirse hasta Pensilvania ni remontarse a 1984— son las que han hecho estallar en cólera a los defensores de los animales y quizás han facilitado que estos grupos amantes de la naturaleza clasifiquen todos los tipos de experimentación animal dentro de un mismo saco.
Estos grupos activistas plantean que la investigación con animales es totalmente innecesaria, y para ellos, los científicos que utilizan animales para sus estudios son individuos crueles y corruptos a los que sólo les mueve el deseo de publicar sus trabajos y conseguir becas.
La preocupación de los científicos por los animales se empezó a manifestar por primera vez con fuerza en los años '50, cuando el zoólogo británico William M. S. Russell y el microbiólogo Rex L. Burch publicaron los Principios de la Técnica Experimental Humana en la que describieron tres metas, llamadas las «tres R», que debería intentar alcanzar todo investigador concienciado:
- -Reemplazo de los animales por métodos in vitro.
- -Reducción del número de víctimas.
- -Refinación del experimento con el fin de causar el mínimo daño posible.
Otros grupos más radicales, como Animal Freedom, abogan por el cese completo de la utilización de animales en las investigaciones, argumentando la innecesaridad de esta práctica debido a lo que ellos consideran un exceso derivado a partir de los fines comerciales ocultos tras las investigaciones.
Los más extremistas llegan incluso a considerar la muerte de más de 200 millones de animales al año con fines científicos como un holocausto, afirmando además que los médicos que trabajaron para Adolf Hitler son una evidencia de que los científicos pueden llegar a ser inhumanos si se les proveen determinadas facilidades.
Encontrando soluciones
Bien decía John Rennie desde el editorial de la revista Scientific American de febrero de 1997 que esta discusión «aunque es frustrante y parece que nunca va a llegar a su fin, puede ser constructiva a pesar de todo».
Si dejamos de lado las tendencias extremistas de ambas posturas, encontramos que estos enfrentamientos han tenido un aspecto positivo y que el resultado de la batalla está sirviendo para informar y concienciar al público de la situación, y para conseguir que la experimentación animal sea un proceso más riguroso de lo que ha sido hasta ahora.
Parece que la conclusión general, después de oír a todas las partes, es que en la experimentación animal, como en cualquier otro asunto, todo depende del uso que se haga de la técnica.
Barbara Orlans, del Instituto Kennedy de Ética de la Universidad de Georgetown, cree que es posible estar a favor de la investigación y también a favor de los animales. Orlans cree que los protectores de animales deben aceptar que la investigación es beneficiosa para las personas, y que los investigadores deben admitir que si los animales son tan cercanos al hombre como para que sus cuerpos, su cerebro e incluso su psique sean un buen modelo para la condición humana, entonces los dilemas éticos también deben servir para ellos.
El autor de este artículo considera que este reñido debate es beneficioso en la medida que contribuya a encontrar un equilibrio que permita el avance científico, reconociendo a la vez la enorme contribución de los animales e intentando en la medida de lo posible evitar su utilización. De todos modos, esta armonía va a estar finalmente delimitada por la conciencia de cada individuo; por ello, nuestro deber social es limitarnos a exponer el panorama completo sin caer en extremismos de ninguna clase, para que la posición final de cada ciudadano sea la más objetiva y acertada posible.
Bibliografía
- GIRÁLDEZ DÁVILA, Alberto: Breve historia de la experimentación animal [en línea]. Madrid, Real Academia Nacional de Farmacia, 2008.
- LÓPEZ BLANCO, Myriam: Caídos por la ciencia [en línea]. Madrid: Salud y Medicina, El Mundo, 1997.
- QUEROL I VIÑAS, Núria: ¿Es útil la experimentación con animales? [en línea]. AnimaNaturalis, 2011. Consultado el 17 de octubre de 2011.
- VARIOS AUTORES: La libertad es la base de los derechos de los animales. Animal Freedom Foundation, 2009.
- VARIOS AUTORES: Argumentos inválidos para el uso de animales en experimentación [en línea]. Animal Freedom Foundation, 2011. Consultado el 17 de octubre de 2011.

1 comentarios:
Me gustó la foto, me causó intriga
Publicar un comentario